Configuración
Datos fiscales, series de facturación, impuestos, almacenes y usuarios. Se deja el sistema con la forma de tu empresa, no con la de la plantilla por defecto.
Implantación
El compromiso empieza cuando la auditoría ha terminado y los datos están valorados. No el día de la firma: eso sería prometer algo que no depende solo de nosotros.
Las implantaciones de ERP tienen mala fama por una razón concreta: se anuncian plazos antes de saber a qué se enfrenta uno. Luego aparece el almacén que llevaba tres años sin inventariarse, o las cuatro series de facturación que nadie había mencionado, y el proyecto de cuatro meses se convierte en uno de año y medio.
Aquí el orden es el contrario. Primero se audita y se valora lo que hay —eso tiene su propia página—, y solo cuando eso está cerrado empieza a correr el reloj. A partir de ahí sí: treinta días, con un calendario semana a semana que puedes enseñar a tu equipo el primer día.
Un plazo solo vale algo si se puede dar después de mirar. Antes es una expectativa.
Las cuatro semanas
Datos fiscales, series de facturación, impuestos, almacenes y usuarios. Se deja el sistema con la forma de tu empresa, no con la de la plantilla por defecto.
Entran los datos aprobados en la auditoría y se cuadran contra el origen. Al terminar la semana ya se puede trabajar en paralelo con el sistema anterior.
No un curso genérico: quien factura aprende a facturar, quien prepara pedidos aprende a preparar pedidos. Sesiones cortas, con vuestros propios datos delante.
Se apaga el sistema anterior y se trabaja solo en Nimber, con el equipo de implantación disponible durante los primeros cierres.
Media hora para entender tu operativa, la auditoría después, y a partir de ahí los treinta días.